domingo, 6 de enero de 2013

El beso perfecto.


Horas y horas divagando, pensando cómo será, ese momento en que tus labios abracen los míos, y por primera vez sellen sus lazos de amistad. Necesito que me mires para poder empezar, ese encuentro húmedo, suave e intenso, que tanto alivio traerá, a nuestros cuerpos ansiosos que practican piruetas de aquí, para allá; pero los protagonistas son ellos, los labios, los únicos que saben besar.
Un pequeño mordisco en mi reborde inferior, el más carnoso, el que más te gusta, me da la pauta de que aún estoy vivo, mas luego tus labios lo adormecen en caricias y mimos, y no me puedo quejar.
Existe algo que se llama tiempo, y el hombre suele contar, pero mi corazón galopa como alazán, y no encuentra un momento para sumar, las horas que paso inconsciente entre tus labios, los únicos que saben besar.
De repente encontramos la posición perfecta, estamos hechos para tal. Tu lengua juguetea en un sinfín de movimientos sinuosos, que sólo al vértigo se pueden comparar. Pero no quiero que termine, la adrenalina se evapora y yo apunto de estallar.
Por un instante te miro y recuerdo al celoso mar, que con sus olas abraza a la roca, sin dejarla escapar. Y me zambullo vehemente en tu mar epicúreo, donde nadamos desnudos, entre transpiraciones y más, sin olvidarme de tus tiernos labios, los únicos que saben besar.