lunes, 22 de julio de 2013

Hay un zumbido que me pide silencio, busca deslizarse entre mis palabras y entorpecer mi juicio. Con respeto, me dirige hacia lo desconocido. No me está manipulando, simplemente me persuade muy amablemente, tiene buenos argumentos, y en la medida en que lo sigo, me encuentro.
Es difícil ahora desviarse de este camino, porque no está delimitado ni tiene rumbo alguno, avanza con el correr de mis logros, la fuerza de mi voluntad y la fe de mi curiosidad. Se empieza a mover más por instinto que por deducción, y así me siento libre y en paz. La paz que surge del equilibrio físico-mental-emocional. La paz que proporciona un lugar al cual volver, donde me siento querido y respetado. Intento seguir mis deseos, algunos sueños y un pequeño impulso algo reticente. Circulo con esta libertad y seguridad desde el momento que comprendí que tenía un lugar al cual regresar, un espacio para volver a ser lo que soy: mi personaje más conocido.
Alguna vez leí por ahí que el actor debe volver a aprender todo desde cero. Debe volver a aprender a mirar, a caminar, a hablar, a moverse, a relacionarse, etc. También nos han dicho que el actor debe saber bailar, cantar, dibujar, hasta cabalgar, y por qué no, esquiar. Nos dicen que debemos estar atentos y tener memoria sensorial. Todo esto está muy bien, es muy bonito, y cierto en varios casos, pero a medida que pasa el tiempo, siento que hay una sola cosa que un actor debe saber hacer a la perfección, fuera de toda falsedad y corrupción: un actor debe aprender a amar. Firmemente  con convicción y sin pudor. Amar de todas las formas posibles, con pasión, odio y desconfianza. Amar desinteresadamente, y con prejuicios. Amar sin medida, ahorrando sus energías. Amar desaforada y escrupulosamente. Amar hasta con lo que no posee, amar con la imaginación. Porque amando se entiende la gente. Porque amar no tiene precio, el precio lo pone la razón.

Y así como la sandía necesita al calor, la bacteria a la proteína, o la planta al sol, el actor necesita al grupo. Es su espacio, su ecosistema y su colchón. El grupo es todo, al menos durante esos minutos en los que transcurre la clase, el taller, el ensayo, o la vida.

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