jueves, 12 de abril de 2012

"In-volución"


Pájaros metálicos a motor que atraviesan nuestro cielo.
Caballos a vapor que transitan nuestras tierras.
Peces inmensos, con piscinas y dormitorios, que cruzan nuestros mares.


El hombre vive persiguiendo a la naturaleza, copiándola, imitándola, pero aún no ha llegado a entenderla. De hecho, siento que la polución, la contaminación ambiental y demás atrocidades  sobre la madre tierra, son actos inconscientes del hombre, generados por ese sentimiento barato de inferioridad frente a tanta grandeza y humildad.


El hombre vive persiguiendo a la naturaleza... pero no la alcanza.

lunes, 9 de abril de 2012

Sólo se extraña lo que se conoce.


Por suerte, solamente se extraña lo que se conoce. Lo que se ha palpado en el tiempo. Lo que alguna vez estuvo en nuestras manos y hoy forma parte del viento. Lo que nos acompañó con sus compases y melodías y hoy no es más que silencio.
Gracias al cielo, solamente extrañamos lo que no está, pero alguna vez estuvo. ¿Qué sería de nosotros, víctimas de una angustia gélida que atraviesa nuestras almas, si este reflejo bíblico de la experiencia de la nada, fuera por lo contrario, la experiencia misma del todo? Creo que no me alcanzaría el tiempo para extrañar, para llorar o para sufrir.

Pero los años van pasando, Señor, y maldigo con rabia a este corazón curioso y rebelde que me has dado, que con cada latido busca una nueva aventura, una nueva piel. Que ve más allá de mis ojos y proyecta más allá de mi mente. Que no le pide permiso al tiempo para permanecer maniatado en historias deliciosas conforme pasan sus recuerdos.

Por culpa suya he amado, he experimentado el fenómeno del amor. Por él he viajado en el tiempo, he tenido al mundo en mis manos, y le he hecho el amor a la Luna una y mil veces. He sido el dueño de las montañas y el capitán de todos los mares. Por él he perdido las riendas de la voluntad, me he entregado a la vida vehementemente, olvidándome de que existiera algo llamado “muerte”. Es más Señor, y tú lo sabes bien, ¿cuántas veces te he acechado y metido furtivamente mi dedo húmedo en la oreja?

Ahora este pretérito vanidoso, arrogante y perfecto, cargado de indefinición y melancolía,  no hace otra cosa que recordarme que lo que tuve, ya no lo tengo. Que lo que “he”, ya no lo “estoy”, y lo que “ido”, ya no lo “endo”. Mas trae consigo un mensaje de esperanza que sofoca un poco a este ansioso corazón, que tiene atragantado un “te amo” en su pequeña garganta.

Sólo se extraña lo que se conoce, y yo, esta noche, lamento profundamente haber amado.