lunes, 27 de agosto de 2012

Falsa Libertad.


Es un desperdicio. Cada gota, cada lágrima. Es un desperdicio que no tiene fin, incontrolable. Nunca pensaste que esto te podía llegar a pasar, pero pasó, y ahora las cosas son mucho más sutiles, delicadas e intensas. La piel sigue su juego y es veneno que enternece. La piel sigue su juego pero las reglas nunca vienen. Ya estás penetrado, no tiene sentido que intentes una y otra vez sacudirte, menos pedir perdón, si no estás arrepentido. Mirá las agujas del reloj. ¿Qué hora es? No importa, ¿verdad? Dejaste que te lleven tus instintos y perdiste tu libertad. Dejaste que te lleven tus instintos y ganaste la gloria. Dejaste que te lleven tus instintos y te despediste de todo. Lo bueno, lo malo, ya nada te asusta cuando se pierde el miedo a la muerte. Lo bueno, lo malo, ya nada te impide envejecer. Pero estás dañado, tenés un problema de fábrica. Cargás con las culpas de la sociedad que te vio crecer. Cargás con los prejuicios de tus padres y las culpas de tus pares. Es un pequeño tatuaje del que nunca te desharás y por siempre llevarás. Hagas lo que hagas, nunca serás ese ser libre que leíste en cuentos, admiraste en sueños o simplemente experimentaste por momentos. La única forma de ser libre es volviendo a nacer.

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