sábado, 3 de diciembre de 2011

Ya casi yéndome, bastante nervioso y con las manos transpiradas, en un susurro bajito le recité al oído:


"Que sueñes con el mar y el canto de las sirenas,
que sueñes con las flores, sus olores y colores,
que sueñes con castillos, caballeros y princesas,
que sueñes que en tu mundo ya no hay odio ni tristeza.


Y que mientras el viento te mece dulcemente
y un rayo de sol acaricia tu frente,
que sueñes con el cielo, mas despiertes en mis brazos,
ese será mi sueño, aquí, esta noche, desvelado."


Después la besé y me perdí en la noche...

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